Envidia

Freud. Un nombre varonil que huele a puros y que inspira reacciones diversas, a menudo acompañadas de muecas y resoplidos. Que Sigmund Freud es el padre del psicoanálisis ya lo sabemos, de hecho podría decirse que “padre del psicoanálisis” es su segundo apellido. Tampoco hace falta ser un experto en psiquiatría para saber la importancia de la sexualidad en sus teorías. Pero ¿cuántos de vosotros sabíais que Freud padecía migrañas?

En muchas de las cartas que escribió a su esposa, hablaba de unas migrañas que le asolaban durante los fines de semana (suele ocurrir…) y que le impedían dormir. Parece ser que eran ataques muy severos y prestaba especial atención a las causas, entre las que destacaba el estrés, las comidas fuertes y los cambios de tiempo. Para aliviarse, recurría a analgésicos y sobre todo a la cocaína (lo cual me lleva inevitablemente a imaginarme un after lleno de seres migrañoides en busca del remedio a sus males).

Y ¿a que no sabéis con que relacionaba la migraña en sus teorías? El sexo, efectivamente y no. Freud realizó varios estudios en torno a la migraña y barajó teorías diferentes. La primera vez que teorizó sobre el dolor de cabeza, lo relacionaba con una neurosis refleja nasal, que no deja de ser una manifestación de un transtorno genital, pero indirectamente. Incluso se sometió a una cauterización de la mucosa nasal.

En su siguiente tratado sobre la migraña, Freud ya vio bien clarito que la explicación era puramente sexual, ni reflejos ni nada. Para él, estos dolores son el resultado de pulsiones sexuales insatisfechas, describía las sustancias segregadas durante la excitación como altmente irritantes, incluso tóxicas. De ahí que al no salir del cuerpo, hicieran tanto daño.

Así, Freud asentó las bases de muchos estudios actuales que relacionan la migraña con transtornos vasculares y neurológicos. También de teorías más psicológicas que señalan la importancia de ciertas características psicológicas en los casos de cefaleas recurrentes. También hay quien dice que lo más recomendable para aliviar el dolor sería darle la vuelta al clásico “hoy no, me duele la cabeza” (leyenda urbana que bien se merece un post).

Quizá algunas de las mujeres que estén leyendo esto se acuerden de la envidia del pene freudiana. Pero no creo que ninguna mujer, ni tampoco ningún hombre, envide a Freud por sus migrañas.

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