¿Es Bob Dylan un ser migrañoide?

BobQue sí: que la primavera la sangre altera y bla bla bla. Ya lo sabemos. Quién no se ha enamorado (aunque sea un poco) en estos meses de alergia, dificultades para acertar con el vestuario y perturbadores cambios horarios… Si a todas las alteraciones típicas primaverales le sumamos los estados de trastorno del enamoramiento, el resultado es, básicamente, una movida; como ocurre con el amor, son muchos y muchas quienes han intentado explicarse eso de la primavera, destacando especialmente poetas y científicos. No hablemos ya de los efectos que todo esto puede tener en los seres migrañoides, como apuntaba Freud. Qué bonita montaña rusa.

Pero quizá el mayor inconveniente migrañoso de la primavera tiene que ver con la crudeza despiadada de los cambios atmosféricos. Esto es así, quien lo probó lo sabe. Hace tiempo, en mis primeros años de universidad, cuando no había asumido aún mi condición de migrañosa y me peleaba con el dolor en lugar de aceptarlo, me atendía un médico guineano. En una ocasión (recuerdo que era primavera también) le expliqué que cuando cambiaba el tiempo mis dolores de cabeza eran difíciles de soportar. Sus palabras se me han quedado grabadas, en parte por el tono y el acento con los que hablaba y sobre todo por el efecto sorpresivo y también apaciguador que tuvieron. “Cuando hay cambios atmosféricos los animales son los primeros en notarlo y se ponen inquietos. Nosotros una vez fuimos animales, aunque no solemos tenerlo en cuenta. Y algunas personas conservan bien algunas características de esa herencia, como por ejemplo la capacidad para presentir esos cambios”. En esa especie de aletargamiento postmigrañoso en el que me hallaba, me imaginaba siendo una más en la sabana junto a antílopes y felinos, corriendo a recluirme entre los árboles para aliviar mis síntomas.

You don’t need a weatherman to know which way the wind blows, cantaba Dylan. Precisamente el viento es uno de los factores atmosféricos más universalmente aceptados como desencadenante del dolor de cabeza. Es lo que mi dadora migrañoide mi madre, en este caso, llama con cierto resentimiento airucio.

Otro factor a tener en cuenta, al menos en mi caso más icluso que el aire, es la luz. Hay luces horripilantes, más malas que Hannibal Lecter, Jason y Freddy Krueger juntos: cinco minutos con ella pueden ser letales. Para que los no migrañosos os hagáis una idea: imaginad que tenéis una resaca del copón (nunca mejor dicho) y estáis en un sitio con fluoresecentes medio gastados parpadeantes mientras fuera está nublado pero luminoso y que durante mucho rato miráis fijamente a ambos focos. Esa sensación de ahogo, de sofoco, de dolor en los ojos… Terrible. Y en ese momento del año que está entre el invierno y el verano, los cambios de luz y de temperatura son frecuentes, por lo que los seres migrañoides estamos expuestos al peligro, como vampiros. The light in this place is so bad making me sick in the head, cantaba Dylan.

Corren tiempos difíciles para quienes quieren escaparse de la migraña: posibles enamoramientos, cambios atmosféricos… Las crisis en estos días pueden ser persistentes. Well, early in the mornin’ ’til late at night I got a poison headache, cantaba Dylan. Pero que no cunda el pánico; recordad de vez en cuando el dolor acaba por irse, siempre.

Por cierto, ¿no os parece que Dylan sabe mucho de dolores de cabeza?

wind blows

 

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2 Respuestas a “¿Es Bob Dylan un ser migrañoide?

  1. El de “Ballad of a Thin Man” seguro que era un hombre migrasoño.

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