Diálogos migrañoides III: Desayuno con calmantes

morning

—Eh. Eeeeehhh.

—Zzzzz.

—Vamos, despierta.

—Ah. Eres tú.

—Buenos días.

—¿Todavía estás aquí?

—Después de la noche que pasamos, no podía irme así sin más…

—Por mí no lo hagas: vete cuando quieras.

—Siempre haces lo mismo. Me arrastras a la cama y luego cuando te despiertas no quieres saber nada de mí. ¿Podrías dejar de revolver el botiquín un momento y prestarme un poco de atención? Estás hiriendo mis sentimientos.

—Ay, señor…

—Vuelve a la cama conmigo, anda.

—Ay.

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